Una lucha constante de voluntades, un conflicto bélico que todavía me despierta por las noche, donde la abstinencia de tus mordidas me tortura lentamente. Solo en sueños puedo aplacar la violencia de la bestia que domaste en mi, una criatura famélica que pide entre gemidos tu piel.
Intentando rescatar las migajas de lo que fui, escondo mi hambre en un sonrisa suficiente, ya no puedo engañar a mis sentidos con otras pieles, con otros sabores. Busco sin parar en la profundidad de mis entrañas, veo a la bestia relamiéndose los labios; su mirada fija en mi, me acerco lentamente y veo como la seda negra contornea sus curvas, sus manos tocan las mías.
Es mi reflejo.
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